sábado, 1 de mayo de 2010

RELATOS DE DON ARSENIO

Alejandra Leighton Naranjo
Antropóloga U. Salud Colectiva
Un fin de semana de abril fuimos a entrevistar a don Arsenio Huichaquelen, Amarrador de Huesos
de Isla Mechuque. Luego de contarnos sobre su oficio y permitirnos grabarlo para un video,
nos contó algunas de sus vivencias relacionadas con los brujos y los “seres mitológicos“ de Chiloé,
que para él han formado parte de su vida y cotidianeidad.
Aquí las historias, escritas a partir de su relato.



Los Brujos

Una vez, viajando en bote a remos desde la Isla Llingua a Achao, don Arsenio y un amigo divisaron unas luces que saltaban de una isla a otra. Eran cuatro luces que no paraban de moverse por el aire.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se trataba de unos brujos y terminaron de confirmarlo cuando estuvieron remando durante toda la noche sin parar, pero sin avanzar y sólo lograron llegar a Achao al amanecer.

El Ruende
El Ruende vive en el bosque y cuando encuentra a una persona, especialmente a niños,
les tira su aliento y les provoca ronchas en la piel, les enchueca la cara
o les arquea los huesos de las piernas.
El Ruende también provoca sueños en las mujeres y es conocido como El Trauco.
En Mechuque varias personas lo han visto. Incluso la señora María Bahamonde, que hoy tiene más de 60 años, se encontró con el ruende cuando tenía unos 4 años y sus canillas se arquearon hacia delante, por lo que quedó con esa malformación. Por eso nunca se pudo poner falda,
porque se verían sus piernas deformes.


El Invunche

Cuando tenía 18 años, don Arsenio fue a visitar a una familia de amigos en la Isla Mechuque. Después de la cena, y cuando ya había oscurecido, volvió a su casa alumbrándose con un hachón (antorcha) de palos podridos.
Andando por el camino, oyó unos golpes en el suelo. De pronto vio acercarse a un hombre bajo, que saltaba en un pie y tenía el otro pegado en los glúteos. La mitad de su cara era lampiña y la otra estaba cubierta de pelos. Vestía un ponchito que le cubría hasta la cintura. Sus ojos eran como dos velas que iluminaban e incluso goteaban una especie de esperma.
Don Arsenio se encontró frente a frente con este ser, que le impedía el paso. El miedo lo paralizó por algunos momentos, hasta que logró retroceder y rodear unas matas para tomar nuevamente el camino.
Dicen que cuando uno se encuentra con el Invunche va a tener corta vida o, por el contrario, una vida muy larga.
En Mechuque se ha visto varias veces al Invunche. No se sabe en qué parte de la isla vive, pero cada vez que lo han visto cerca del pueblo, mueren cuatro o cinco habitantes de la isla con poco tiempo de diferencia.

El Camahueto

En Mechuque no se ha visto al Camahueto ni se conoce la forma de su cacho.
Don Arsenio, amarrador de huesos de la isla, dice que sabe que las birmas (emplastos)
de zumo de ortiga, yema de huevo y harina que él hace para arreglar zafaduras y fracturas quedan mucho mejor con raspadura de cacho de Camahueto,
porque da firmeza y la persona se mejora en ocho días.
El cacho de Camahueto no se toma, sólo se usa en forma externa. Una persona que ha usado
el cacho de Camahueto se reconoce porque con el tiempo, cuando va haciendo mayor,
a la piel le empiezan a aparecer unas manchas blancas.

El Camahueto y la Vaca Marina

Hace unos 60 años atrás, don Ramiro Oyarzo, buzo de escafandra, se encontró con el Camahueto y la Vaca Marina mientras buceaba en el canal ubicado entre Cheniao y Aulín.
Se salvó apenas, porque los animales lo persiguieron en las profundidades del mar.
En ese lugar existía un corral, donde en la hondura vivían los animalitos. Don Ramiro decía que eso explicaba que esa parte del canal sea tan mala para la navegación.

(La Vaca Marina es igual a una vaca, pero con gualetas en vez de pezuñas).

1 comentario:

Austin Whittall dijo...

Muy interesantes los relatos de Don Arsenio. Me interesa en especial la mitología de la Patagonia Chilena y Argentina y su relación con la criptozoología.
Agradezco la publicación de las vivencias de esta persona!!
Saludos cordiales

Austin Whittall